domingo, 12 de febrero de 2017

No basta pedir perdón




Los ataúdes no podían abrirse bajo ningún concepto. El Ministerio de Defensa así lo había indicado. Pero fueron varios los que se abrieron. En uno lo primero que vio el padre del soldado fallecido fueron tres pies. En otro los restos mortales eran de otro soldado. Pueden imaginarse la indignación, la rabia y la impotencia de los familiares  cuando el Ministro de Defensa, el señor Federico Trillo, había asegurado por activa y por pasiva que los cuerpos se habían identificado correctamente.
            Han tenido que pasar más de 13 años para que el Consejo de Estado, por unanimidad, reconozca los graves errores que se realizaron en la contratación del Yak 42 y en la no identificación de los soldados fallecidos en el accidente aéreo.
            En el Estado Mayor no se conserva ninguno de los 42 contratos anteriores que se realizaron antes del Yak 42 en vuelos similares. Tampoco se sabe qué  pasó con el dinero. El vuelo costaba 149000 euros y  la compañía solo cobró  38000. ¿Quién se llevó el resto? ¿Por qué no existen facturas ni ningún tipo de documento al respecto? ¿Por qué el avión no tenía caja negra ni  seguro de pasajeros? 
No hay duda de que ha existido una actuación premeditada en la desaparición de todos los documentos que de algún modo están relacionados con el asunto.  Sin embargo, no ha habido responsabilidades penales ni políticas. Altos cargos militares relacionados con este asunto ascendieron por mantener la boca cerrada. Al exministro de defensa lo envían como embajador en Londres con una nómina privilegiada.
Frente a estas y otras verdades, el señor Trillo, devoto de la Virgen de la Piedad de Cartagena, no solo no ha pedido perdón. También dijo que las víctimas sentirían vergüenza de como actuaban los familiares, a pesar de que sólo trataban de buscar la verdad y recuperar los cadáveres. Y para postre les propuso enviarles un psiquiatra.  “Aquietense, criaturas” les atajaba  con soberbia a unos indignados familiares en el  pasillo del Congreso, como si no pasara nada.  
Eso sí, el señor Trillo, que, para mayor ignominia ha vuelto  al Consejo de Estado sin un reproche de su partido, -a lo peor para intentar cambiar el  veredicto del Yak42- “lo ha hecho todo por España”. El mismo lo dijo en un mitín ante un corrupto del PP valenciano. Además, con su habitual soberbia, asegura que hay intención de perjudicarlo. Cualquier otro, cuando se descubrió el pastel,  hubiera querido que se lo tragara la tierra, él no. Don Federico, despótico e inmoral, lejos de amilanarse, saca pecho y reclama su plaza de funcionario. Aquí no pasa nada.
            Como ha dicho el magistrado Baltasar Garzón, si hubiera dignidad en este Gobierno, el presidente en particular, le habría cesado inmediatamente como embajador de España en Reino Unido. Sin embargo, sus primeras declaraciones fueron que no sabía nada, a pesar de que el informe del consejo de Estado se había redactado hacía meses. “Ese asunto se ha sustanciado ya judicialmente” manifestó. Carpetazo al asunto. Después perdón y comisión de investigación porque no hay más remedio y nada más que añadir. Mal si no se entera y peor si enterado dejaba el asunto pasar.
Siento vergüenza de esta forma de actuar. Me da asco esta indiferencia hacia las víctimas. Ese lavarse las manos machadas. Ese encomendarse a la Justicia para sacudirse la podredumbre. Soldados: muchas felicidades por las Pascuas, pero luego los aviones para volar, los más baratos, para que alguien se embolse una sustanciosa comisión y si hay quejas, ni caso. Y si la mayor parte del dinero para los vuelos se pierde por el camino, aquí paz y después gloria. A los altos mandos no hay quien les tosa y los muertos, muertos están. Además, estaban preparados para morir por España. Por la patria sí, pero no por unos canallas que les engañaron y jugaron con su vida en vez de utilizar aviones seguros.
Échenle huevos y suban ahí, soldados. Son ustedes los más valientes. Si la compuerta no cierra bien, no se apuren. Basta echarle un poquito de agua para que en lo alto se congele y quede cerrada herméticamente. Y si tienen miedo encomiéndese a la Virgen. Esto es lo que hay, señores. El presupuesto no da más de sí. Acaten la disciplina, gloriosos militares españoles, que la mayor parte del dinero de sus vuelos sólo unos cuantos van a saber y a callar en qué bolsillos parará. Y que el Gobierno cierre filas, y en los féretros se meta lo que sea para que esto acabe pronto y se pongan a otra cosa. No es hora de ponerse melindrosos. Qué más da que los restos vayan revueltos. Qué importa que los cuerpos no se correspondan con su identidad. El funeral va a ser muy grande y todos van a ser enterrados con mucho  honor. Si no hay seguro no se preocupen, el Estado se hará cargo. Los españolitos costearán las negligencias y la falta de ética de quienes contrataron el infravuelo low cost. Luego los documentos a la hoguera, amnesia para todos y viva la fantasía. El avión era fiable cien por cien. Con todas sus inspecciones pasadas no sé qué año. No llevaba caja negra, pero tampoco vamos a ponernos tiquismiquis por una caja más o menos. Las quejas previas, aunque llegaron, jamás se recibieron. Todo fue un cúmulo de catastróficas desdichas. Seguramente el tiempo no era bueno o el piloto cometió una imprudencia o se metió un ave en un motor. No se sabe.  Jamás hubo intención de que se supiera. Es tarde para saberlo y, probablemente, no se va a saber
Si no les gusta como se trata el asunto, abran ustedes las comisiones de investigación que quieran. Tuteladas por el PP, que en el caso Bárcenas colaboró con la Justicia con tanta eficacia que borró el disco de su ordenador treinta y tantas veces, ya se puede uno imaginar en qué quedará el asunto. Jamás van a encontrar nada. Ardió todo muy bien en el archivo de seguridad: la chimenea. Y sin pruebas, los amigos siempre son amigos y los altos mandos que tuvieron que ver en el fregado, seguirán siendo muy honorables.
Una cosa es segura: no basta con pedir perdón. Por una mera cuestión ética, por simple prurito, por pura dignidad los responsables deberían pagar por ello con penas de cárcel. No es probable que eso suceda y, como otras muchas veces, a las familias y a los ciudadanos nos quedará la certeza de que, una vez más, la impunidad se impone frente a cualquier deseo de reparación y justicia.
Visto lo visto, parodiando a Machado, por si acaso, bien podría advertirse a nuestras tropas estos versos: Soldadito que vienes al mundo te guarde Dios. Atento: algún hijo de puta sin entrañas puede helarte el corazón.
                 
                                                          

                                                         

domingo, 15 de enero de 2017

Mozart y la vana palabrería




Dijeron que no pactarían cuando sabían que estarían obligados a pactar. Hablaron de renovación pero ahora caen en los mismos errores de siempre. Nos hablaron de limpieza, de ética, de justicia, pero la corrupción sigue ensuciando la vida política.
Nos contaron lo que queríamos escuchar. A menudo los sueños están llenos de utopías y no se detienen en las pequeñas miserias. Utilizaron nuestras esperanzas para que les siguiéramos creyendo. Sus programas eran bonitos y de vivos colores, aunque en los mítines la consigna  más repetida era despedazar al contrario como perros de presa. Todos tenían por qué callar, mucho menos los recién llegados, pero en cualquier caso, el malo siempre estaba en el otro bando. Los que cometieron errores los silenciaron, como si no hubiera pasado nada. 
Ahora, cuando llega el momento de la verdad y nos toca conocerlos por sus actos en vez de por sus palabras, todos se mueren por sentarse en la poltrona. Los menos votados, sabedores que son clave en un nuevo gobierno, quieren hacer pasar por el aro a los  que más votos lograron. Y  estos quieren imponer su fuerza por una pírrica “victoria”.
            Época  de alianzas y miserias, de morderse la lengua, de decir lo contrario de lo que se dijo. Con frecuencia no por la gobernabilidad de España sino por el puro afán de mandar y ocupar la poltrona.
            Atajaremos la corrupción con medidas que… El partido popular borra cualquier prueba que pueda implicarlo. Lucharemos por la defensa de la democracia y la limpieza de las instituciones. Se crean  comisiones de investigación formadas por amigos y allegados de los corruptos. Los partidos se acogen a la ley que protege y blinda a los aforados para que escapen o retrasen  la acción de la justicia.
            Muchos de los políticos que presumen de honradez en público, en privado cobran las comisiones que pueden. En la tele dicen que los corruptos serán expulsados y, aunque muchos los son, también estamos hartos de ver que otros permanecen  en sus cargos o los trasladarán al senado u otras instituciones para protegerlos hasta el momento que el escándalo explote  e incluso más allá.
            Presumen de honrados y alegan que todo es mentira hasta cuando las pruebas en su contra son abrumadoras. Siempre afirman que todo es un montaje de la oposición para crucificarlos.
            Por la mañana dan bonitos discursos y por la tarde firman un contrato público inflado para llenarse los bolsillos con sustanciosas comisiones. Un día afirman con contundencia ante los ciudadanos que hay que pagar impuestos y al siguiente son ellos quienes eluden al fisco.
            La capacidad de un político ya no se mide por su inteligencia, ni por su esfuerzo o su tesón en pro de los ciudadanos, sino por la facultad de mentir a las masas y ser creído como si él fuese la verdad suprema. Por la habilidad de barrer la porquería debajo de la alfombra sin que se note. Por tener la osadía de ser un villano y parecer un ángel.
En otros lugares de Europa, el político, a primeras de cambio, tiene la ética de dimitir. En España el político corrupto saca pecho, miente como un bellaco, acusa a los demás de montarle un complot y sigue en su puesto durante años. Basta recordar a Jordi Pujol en el parlamento catalán, censurando a los diputados por acusarle, o al señor Granados, defendiendo su honradez y buen hacer en los platós de televisión, cuando las pruebas en su contra eran absolutamente abrumadoras. Eso por no hablar del caso más reciente, el del expresidente de la Diputación provincial de Valencia y presidente del PP valenciano, Alfonso Rus, eximio contador de billetes, que ha afirmado siempre que, a quien mete la mano hay que cortársela.
España, amén de gente honrada,  es un país plagado  de getas y sinvergüenzas, de políticos que hacen lo posible por permanecer en el cargo, por cobrar una buena nómina y, además, robar lo que pueden. La ética es para los tontos, para los pobres de espíritu. A los honrados se los despide, se los relega.
Las cifras de la corrupción en España muestran que hay más de 1.900 personas imputadas en causas abiertas por corrupción y al menos 170 han sido condenadas por este tipo de delitos en la última legislatura.  La mayoría de estos condenados no están en prisión. En unos casos  porque se les impuso una pena de cárcel que no les obligaba a ingresar. En otros porque únicamente fueron inhabilitados o multados o porque todavía tienen recursos pendientes. Asimismo hay 10.000 personas aforadas, de ellas, 2.300 son políticos, y la mitad de estos, diputados autonómicos. Los más protegidos para esquivar la ley son los políticos. Ellos, por lo visto, no son ciudadanos normales y  nunca pasarán  por un tribunal ordinario mientras estén en el cargo.
 En Francia hay 21 aforados, en Alemania cero, aquí diez millares. Y ya saben, España es diferente y encabeza el ranking de la podredumbre con una cifra insólita y unas leyes que hacen la cama a la impunidad de los poderosos. Con estos mimbres no es de extrañar que haya tantas manzanas podridas en el cesto. Es la propia urdimbre la que facilita el fermento de  todo.
Pasa una legislatura y otra y otra. Y cambiamos de gobierno y esta vergüenza jurídica no cambia porque los afectados no quieren que cambie.
Tampoco es casualidad que las grandes obras y los contratos millonarios recaigan siempre en las mismas empresas. Multinacionales que, en cada fase de la obra, van multiplicando su presupuesto hasta que no parecerse en nada al inicial. Así se crece y se amasan las grandes fortunas en este país. A la sombra del poder y a costa de esquilmar el erario, se otorgan contratas de obra pública de fantasía. Al amparo de ministros deshonestos y funcionarios con las manos como cazos para recoger mordidas, se van levantando rascacielos de ignominia. Mientras tanto, al pueblo llano se le va recortando prestaciones sociales. Si no recuerdo mal un 26% en Castilla-La Mancha en la última etapa.
Cuando vuelva a haber nuevas elecciones  escucharé a Mozart. Es mucho más instructivo,  mil veces mejor para el espíritu. A través de sus sonatas, conciertos, serenatas  y sinfonías uno puede sentir la catarsis necesaria para librarse de tanta inmundicia. Como el propio autor dijo, la música es el único camino hacia lo trascendente. Mozart, arte, belleza, y adiós a la vana palabrería.

Hacia la sociedad del aburrimiento




La humanidad cada día da saltos de gigante. La nanotecnología ha creado nanorobots  programados para reconocer y destruir células tumorales. La multinacional Boeing ha creado el microlattice, el material más ligero del mundo. Una estructura polimérica 3D  con un entramado de tubos metálicos y un espesor 1000 veces más fino que un cabello humano y en su mayor parte compuesto de aire que puede suponer una  revolución aeronáutica por su resistencia.
Ya están en marcha los coches sin conductor y también los eléctricos y los de hidrógeno, que son ya una necesidad imperiosa para evitar la contaminación en las grandes ciudades. Se han fabricado los primeros prototipos de limpiadores de superficies verticales y planchadoras de ropa. El comercio on line avanza meteórico y es probable que en muy pocos años la mayoría de las tiendas tradicionales desaparezcan. La distribución de los productos en un futuro próximo se hará por drones y eso cambiará por completo el transporte de mercancías. Los robots, que son una realidad desde hace muchos años, se extenderán de forma masiva entre la población. Prepararán el desayuno, limpiarán la casa de arriba abajo y librarán a la humanidad de miles de tareas mecánicas e ingratas para hacernos la vida más cómoda.
Las agencias de viajes en un futuro cercano ofrecerán experiencias virtuales en lugar de billetes de avión y hoteles. Habrá frigoríficos superinteligentes  que harán la lista de la compra con solo pulsar un botón –Amazón ya lo hace en algunas viviendas. Todo pasará por la red. Ya hemos empezado a comprobarlo en nuestra piel. Cualquier empresa fuera del mundo digital no existe. Internet, el nuevo dios planetario, es la llave de todo. El mundo entero está a nuestro alcance a un golpe de clic.
Los hijos no consultan a los padres, al vecino avispado y leído, como antaño. Estas figuras han perdido mucho peso y a menudo solo conducen a error. Ahora todo se consulta al tótem internauta. Para preparar un plato, anudar la corbata, arreglar un motor y hasta fabricar una bomba hay centenares de tutoriales en Internet que nos explican paso a paso como hacerlo. La red es nuestro cosmos, nuestro principal instrumento de comunicación y estar al margen de ella equivale a una muerte anunciada.
Un mundo de comunicaciones instantáneas  exige respuestas inmediatas. Por eso en la actualidad todo va más rápido. El capitalismo reclama  más rendimiento, más rentabilidad, e imbuidos por su prisa nos ordena hacerlo todo antes. Queremos que nos quede más tiempo para nosotros, más para la familia, más para el descanso, más para perderlo. Pero, ya hemos entrado en un bucle sin salida. El trabajo cada vez exige más de nosotros, la competitividad es mundial y el miedo a quedarnos fuera del mercado laboral nos lleva a una entrega absoluta. Y esa entrega nos deja exhaustos y sin vida personal.
La nueva sociedad hacia la que vamos nos brindará más tiempo libre y muchas más comodidades, pero para alcanzarlas el capitalismo exigirá nuevos sacrificios de nosotros. Más exigencias, más responsabilidad, nuevas metas en la sociedad del bienestar para que sigamos en la misma rueda que engrasa el sistema.
 La tecnología, adorada y venerada, nos facilita la vida, pero  no es sinónimo de felicidad. Hoy nos ha hecho mucho más vulnerables y, como siempre, puede matarnos. Las guerras de hoy son más mortíferas que nunca y la seguridad se ha convertido en la principal obsesión del mundo civilizado.
El planeta hoy no es muchísimo más feliz que ayer a pesar de todos sus avances. La tecnología no fomenta el equilibrio porque jamás está al alcance de todos. El mundo, desde sus orígenes, siempre ha ido a la pata coja en justicia e igualdad y así es probable que siga, puesto que cada año aumentan los desequilibrios.
Como el burro que persigue la zanahoria, seguiremos tras la felicidad, pero quizás nunca lleguemos a comprender que sólo es un señuelo, que siempre está un paso más allá de nosotros porque no la buscamos donde debemos. Antoine Saint Exupery dice en El principito que lo esencial es invisible a los ojos. Lleva razón, quizás nunca podamos ver que empleamos la mayor parte de nuestro tiempo en tener y casi nos olvidamos de ser, que cada día nos arrebatamos nuestro mayor tesoro: el tiempo que  dedicamos a nosotros.
Quizá dentro de unas décadas las máquinas lo hagan todo y no sepamos qué hacer con nuestro tiempo libre. Una sociedad más perfecta donde todo esté hecho, mascado y digerido, ¿encontrará algún quehacer? La necesidad aguza el ingenio. La carencia estimula la imaginación. Los problemas hacen pensar y buscar soluciones. Sin embargo, una sociedad saciada de bienestar a menudo conduce a la holganza y el estancamiento. Quizá nos mate el aburrimiento o la depresión. Si llega ese momento no les quepa duda de que el sistema creará un modelo de ocio mucho más avanzado para sacarnos el jugo a todos.
Con tantos avances, ¿la gente se aburrirá en el futuro? El ser humano es inquieto e inconformista por naturaleza. Eso nos salvará del tedio.