sábado, 9 de marzo de 2013

Comiendo brevas




Corrupción y mentira. No pasa día sin que la radio, la prensa, la televisión e Internet vomiten  las miserias políticas de esta España nuestra. Un día aparece un señor con una cuenta con 22 millones de euros en Suiza, que luego resultan ser 38, y otro una señora hace una penosa intervención pública inventándose la revolucionaria forma de “despido en diferido”, como la retransmisión de algunos partidos de fútbol en la tele. Un día aparece el presidente diciendo que no sabe nada de sobresueldos y otro sacudiéndose las acusaciones, con sus declaraciones de la renta que, amén de subirse el sueldo un 27% en plena crisis, no prueba en nada su inocencia. ¿Desde cuando hay alguien que declara el dinero “B” en la declaración de la renta?. Y con este pueril argumento, toda la plana saca pecho para demostrar lo indemostrable.
         Un día un señor nos habla de cómo no han podido despedir a un compañero imputado en la trama Gürtel y, dos días más tarde, lo despiden, porque, como todos sabíamos, sí que se podía.
         La mujer no sabía nada de lo que pasaba en su casa cuando vivía con el marido. El brazo derecho de unos no sabía ni media de lo que hacía el brazo izquierdo. Los amigos no se enteraban de nada y al capitán de la nave le dieron el carné de bienvenida a la inopia nada más llegar. Todos estaban en la higuera, comiendo brevas. ¿Sobres?. Allí no veían  ni los que traía el cartero.
         Ninguno sabía nada. El garbanzo negro de la olla estaba apartado desde hacía mucho. Pero no, luego resultó que estaba en el fondo del caldero, que, por lo visto, no lo sacaron nunca. Si, pero no. No, pero si. Te echo de mi casa, pero luego compartimos mesa, nos divertimos juntos y hasta guardamos nuestros secretos, Y la oposición critica y el Gobierno le dice y vosotros ¿qué?. Y le restriega por el morro sus muchas suciedades y errores. El ventilador se pone en marcha y todo se salpica de porquería.  Y como todos tienen trapos sucios que lavar, amigos que proteger y errores que pasar por alto, seguimos lo mismo. Sin que haya transparencia en los partidos políticos, sin que la verdad resplandezca. Sin que se promulguen leyes que metan en vereda a los corruptos, utilizando todas las maniobras dilatorias que les brinda esta justicia tortuga, escurriéndose entre las grietas legales con los mejores abogados, agotando todos los recursos.
Seguimos viendo como se deja sin castigo a los mangantes, a los compañeros  que les ayudaron, con  los que tanto han compartido, a los asesores, que ahora desembarcan con sueldazos en la sanidad privada, a los amigos de sus amigos, que también son sus amigos. Y todo este compadreo, todo este afán de salvar el culo y la poltrona, siempre está muy lejos de la ética, de la dignidad, de la honradez, caiga quien caiga.
         Cuando algo huele a podrido, quien más o quien menos se desentiende y dice que los tribunales tienen la última palabra. No se ponen a trabajar para atajar la corrupción. Aquí sólo se habla.
         En Alemania un ministro dimitió por haber copiado en su tesis cuando era estudiante. En Inglaterra otro dejó el cargo por mentir a cerca de una multa de tráfico. Aquí, aunque la vergüenza arrastre por el suelo, se sigue en el puesto, como si nada. En España  hay discursos y frases. Hay algarabía y nada más.  Por tanto, con los dos partidos mayoritarios, seguimos, empantanados en ese juego de si pero no, escondiendo las manos debajo de la mesa. Entre la ética del discurso televisivo para dar buena imagen y la tropelía bajo cuerda. Entre la frase florida para quedar bien y el atraco canalla. Entre la pompa para salir en la foto y la miseria del ladrón de guante blanco. Entre la demagogia y la obscenidad del fraude y la mentira. Entre la democracia de mitin y el esconde las pruebas para que no nos pillen.
         Los ciudadanos estamos cansados. Hartos de mentiras, de promesas que se apuntaron en el agua, de papeles mojados, de electoralismos y brindis al sol. Queremos que los políticos trabajen de verdad para defender nuestros derechos, no para que los pisoteen. No para que nos pongan excusas y nos tomen por tontos. No para que nos hagan comulgan con ruedas de molino.
         Hace unos días la ministra de Sanidad, Ana Mato, tuvo la osadía de decir que la sanidad ha mejorado en España. Por lo visto no quiere enterarse de las plantas y hospitales que han cerrado, de los trabajadores sanitarios que han ido a la calle, de las manifestaciones en contra de su política, de las listas de espera, que tanto han aumentado, de la calidad de las prestaciones que tanto están bajando, de esa sanidad pública que se está desmantelando cada día que pasa. También hay otros responsables que, para pasmo de España entera, afirman que la educación o la cultura, gracias a una mejor gestión, experimenta una mejoría. 
         Ya lo dice el refrán: “no hay mejor ciego que el que no quiere ver”. El Gobierno está ciego y, visto lo visto, no se entera ni de lo que pasa en su partido ni de lo que nos pasa a los españoles. Con esta ceguera y las pocas ganas que hay de bajar de la higuera, los tropiezos están servidos.




                       

sábado, 2 de febrero de 2013

Efecto disuasorio


        


En época electoral, todo el mundo es bueno y los políticos se deshacen en elogios por nosotros. Hasta en el pueblo más pequeño se da  un mitin diciendo lo mucho que van a hacer y  lo poco y mal que lo hace la oposición. Van por ahí echándonos arengas sobre economía y equidad, dignidad, prosperidad... Nos recuerdan que todos somos iguales ante la Ley, que la dignidad es un derecho inalienable, que la sanidad y la educación son lo primero y, si hace falta, montan  una fiesta y nos prometen la felicidad con mayúsculas. Pero luego, sin esperar a enero, vienen las rebajas y los deseos y las buenas intenciones se evaporan hasta convertirse en humo. Brindan al sol las veces que haga falta. Sonríen, abrazan niños, porque ellos son el futuro, estrechan manos, reparten besos y se hacen fotos con abuelos con chepa y artrosis. Votadnos porque somos la esperanza de España. Pero al cabo de unos meses unos meten la mano en el cajón, otros se venden a las grandes corporaciones financieras y empresas multinacionales y todo se convierte en una montaña de mentiras.
El día que escribo este texto 21 centros de salud se quedan sin urgencias nocturnas en Castilla-La Mancha, al igual que ha pasado en otros centros de Cataluña, Extremadura y otras comunidades. A partir de ahora, algunos de estos consultorios y centros médicos prestarán atención hasta las tres de la tarde y otros hasta las ocho de la noche. Desde  esas horas, si algún vecino necesita atención urgente deberá desplazarse a otro municipio que sí la tenga o llamar por teléfono para ser atendido. Las razones son las mismas a las que ya nos tiene acostumbrados este gobierno: el ahorro. Según declaraciones de portavoces políticos del gobierno regional, es muy caro mantener un servicio cuando solamente se utilizaba una media de una vez por noche.
La medida, traducida al idioma de calle es bien clara: a los pueblos pequeños que les vayan dando. Los viejos, los enfermos, los pobres que carecen de automóvil o los que no están en condiciones de conducir que se jodan. Que se esperen a que quiera venir una ambulancia desde no se donde, que la palmen si llega tarde. Total, si son cuatro gatos, qué más da. Qué importa que alguno de esos habitantes de esos puebluchos de muerte puedan cascarla, si dentro de nada allí no va a quedar nadie. Que recen o le pongan una vela al santo, o si no que se vayan a otro sitio. Esa es la mentalidad que impera.
Se supone que todos los ciudadanos somos iguales ante la Ley, que todos tenemos el mismo derecho a la sanidad, que esta es universal y  una urgencia no admite demoras. Pero en estos tiempos todo son suposiciones.  Cuando menos se descuida uno, todo se convierte en papel mojado y se hace tabla rasa con  derechos que ha costado siglos conseguir.  Hasta los más básicos y elementales, como es el derecho a poder seguir viviendo.
Detrás de cada medida que se toma, dentro del ámbito que sea, hay un efecto disuasorio para que cualquier ciudadano se abstenga de utilizar los servicios a los que legalmente tiene derecho. Los ejemplos son notorios. Bien sea el euro por receta, las tasas judiciales, la no existencia de urgencias o la cancelación de cualquier servicio.
 Hace poco escuchaba por boca de un alto cargo del Ministerio de Sanidad que se había conseguido un gran ahorro gracias al cobro de recetas, como si la receta no se la hubiese extendido un médico, la medicina fuese una golosina y el enfermo no estuviese enfermo y se tratara de un niño goloso que la pide por capricho.
“Es muy caro, es un servicio inviable que estaba abocado a desaparecer” nos dicen, pero, ¿no es más cara la muerte?. ¿Pensarían lo mismo esos políticos si estuvieran viviendo en unos de esos 21 pueblos, si fueran mayores y estuvieran en riesgo de diñarla?. La salud y la vida nunca pueden medirse en términos económicos. Los servicios sociales, cualesquiera que sean, no pueden ser calibrados como un accionista  mide la rentabilidad de sus acciones. Eso puede estar bien para un empresario, no para un gobierno que,“se supone”, debería gobernar para todos y ha de buscar la igualdad de sus ciudadanos.
El gobierno repite hasta el hartazgo que la sanidad es universal para todos los españoles, pero se les olvida decir que la sanidad ya no es igual para los vecinos de los pueblos pequeños. Esos, por las tardes y por las noches, si les da un jamacuco, se quedan a verlas venir, a esperar a ver si llega la ambulancia a tiempo, y si no, morirse en un rincón. Y como se despide personal sanitario, las listas de espera son tan largas que hay quienes la palman  antes de que llegue el día de ser atendidos. Y, por supuesto, los inmigrantes sin papeles no tienen derecho a la sanidad. Y al final uno se da cuenta que lo realmente universal ya no es la sanidad, sino la muerte.
Garrota en mano, un anciano se cabrea y lanza al aire su pregunta : ¿Para esto he estado cotizando yo tantos años?. ¿Para que una noche no haya quien me atienda?.  La Consejería insiste en que la asistencia urgente está garantizada mediante los medios del Sescam, como las ambulancias, las UVI móviles y los helicópteros y añade que el teléfono 900 252 530 de 'Sanidad Responde' está operativo las 24 horas del día, como si con eso estuviese todo resuelto. ¿Pero sabe usted que hay cuatro helicópteros para toda la región? ¿Sabe usted cuanto tiempo puede tardar en llegar una unidad móvil, una ambulancia o un helicóptero a su domicilio?. En momentos de urgencia cada minuto cuenta, pero obviamente, con diferencia, los núcleos rurales lo tienen mucho peor que las ciudades. Esa falta de proximidad nos puede costar la vida a muchas personas.
Si hoy se elimina un servicio sanitario urgente, cualquier cosa puede pasar mañana. Si la vida o la muerte ya no significan nada, si dejamos que los pueblos se hundan más todavía en la miseria, ya solo nos quedará la inmoralidad. Porque es inmoral que a los muy  ricos se les haga una amnistía fiscal y a los enfermos de pueblo se les niegue el derecho a seguir viviendo. Es inmoral que a bancos, multinacionales y malos gestores nadie les sancione por sus atropellos e incluso se les ayude a prosperar, y a la gente más humilde se les quite el pan y la sal. Es inmoral que Unió se quede con el dinero de unos cursos de formación para parados y apenas haya castigo. Es denigrante que en un país donde ya se pasa hambre, haya políticos que defraudan hacienda y leyes que premian el fraude fiscal de las grandes fortunas, puesto que tributan en un porcentaje ridículo comparado con el resto de los españoles. Es vergonzoso que se cierren plantas enteras y hasta hospitales, mientras la corrupción se pasea todos los días de la mano de algún político y ninguno es capaz de modificar y endurecer las leyes para que los corruptos paguen como deben –en la actualidad los delitos fiscales prescriben a los 4 ó 5 años, y las investigaciones de los partidos son internas para que estos puedan proteger  a sus amigos. Es inmoral que un diputado le quede una pensión por cuatro años de cotización y cualquier hijo de vecino tenga que cotizar toda su vida para lo mismo. ¿Es esta la igualdad que se proclama en el artículo 14 de la Constitución española?. Es bochornoso  que la justicia imponga nuevas tasas a un servicio que ya resultaba oneroso y que nos aboca a una “justicia” para ricos que, con su dinero aplastarán con eficacia al más humilde, y a otra justicia en la que los pobres no les quede más remedio que no iniciar acciones legales  y soportar la injusticia. Es inmoral que se cobre por las recetas cuando antes ya hemos pagado por mantener la sanidad, discriminando así a los más enfermos, quienes, obviamente, no enferman por capricho. Menos mal que los tribunales han fallado en contra de esta medida y, al menos en este caso, han demostrado  más ética que los políticos,

Me pregunto qué pasará si la sanidad se privatiza, como todo apunta que lo hará si no ponemos remedio los ciudadanos. Si con la sanidad pública ocurren estos atropellos, ¿que pasará cuando las empresas privadas sean las dueñas y señoras de nuestros hospitales y centros de salud?. ¿Nos atenderán por Internet?, ¿Cerrarán la mitad de sus servicios para que tengamos que volver a pagar casi por todo?. ¿Qué empresa privada se instalará en los pueblos pequeños? ¿Especularán con nuestra salud?, ¿para qué servirá  el pago de  nuestros impuestos?, ¿para engordar a los bancos y las multinacionales?
La sanidad pública  no es compatible con los beneficios en ninguna parte, pero mucho menos en los núcleos rurales más pequeños. Es un derecho que hemos logrado después de muchos años. No podemos dejarlo caer.
Si hoy se niega la atención de las urgencias nocturnas a los pueblos más pequeños, donde, en su mayoría  viven personas mayores, ¿qué podrá ser lo próximo?, ¿dejar sin sillas de ruedas a los inválidos?, ¿eliminar la atención  sanitaria, día y noche en los municipios de menos de 2000 habitantes?. Sin lugar a dudas hacia esa deriva estamos retrocediendo y en ello puede irnos la vida.
Tres de los ayuntamientos de los 21 municipios sin servicio sanitario vespertino y nocturno, Tembleque, Adobes y Durón, han recurrido la decisión de eliminar estos servicios ante el Tribunal Superior de Justicia de Castilla- La Mancha. La decisión del tribunal es que solo estos sigan manteniendo su servicio de urgencias, mientras los 17 municipios restantes se quedan sin él. Está claro. No nos queda otra opción: o reclamar o exponerse a perder la vida.

                                                M. Picó

                (Este artículo también puede leerse en Internet manuelpico.blogspot.com)

domingo, 16 de diciembre de 2012

Bienvenida al mundo, pequeña



                                        

          
Te han expulsado de la sala  porque ha llegado el momento en que tu presencia es más estorbo que ayuda. No salía, por más que  se esforzaba aquel ser diminuto seguía encerrado en la placenta.
         Has cogido un segundo su mano para animarla y la has dejado en la soledad de su dolor, humillada por la postura, con una pierna mirando para Valencia y la otra para Ciudad Real y una cara de estreñimiento agudo muy propiciatoria para granjearse enemistades y patas de gallo.
Las dos enfermeras han seguido a lo suyo, intentando que aquel globo sonda se desinflase como fuera.
         Ahora estás en el pasillo, nervioso, y de forma inevitable piensas que algo va mal, que el parto, sin saber por qué parece que se está complicando.   Esperas que de un momento a otro salga alguien con una bata blanca y te diga: “puede usted pasar. Todo ha ido bien"
            Pero la puerta batiente que da a las salas de partos está quieta como el agua de una charca y los minutos pasan y solamente se escuchan algunos gritos de dolor, no sabes de qué sala ni de que mujer, aderezados con  berridos de niños.
         Esperas a alguien que no has visto en tu vida. No sabes si estará sano o enfermo, si le faltarán los dedos de una mano, un pie, un riñón o una oreja. Confías que la madre pueda contarlo. Y a pesar de que estás harto de la monotonía de la vida y la normalidad de cuanto te rodea, confías en que todo sea normal, con la misma normalidad que cuando nunca pasa nada y las horas están muertas mucho antes de que las saetas del reloj las marque.
         ¿Cómo será? ¿Rubia o morena?. ¿Quizás pelirroja?. Si su abuelo era pelirrojo es posible que... No, ninguno de los tres colores. La niña será calva, como una bola de billar, sólo con alguna pelusilla, parecida a esa que a veces se acumula debajo de la cama.
         Por fin la puerta se abre y una enfermera te hace señas para que entres. La madre y la niña están bien. Pero ¿qué es lo que ven tus ojos?. La niña es negra, negra como el azabache y tú eres blanco, blanco como el arroz, lo mismo que tu mujer . ¿Será posible?. Encima de cornudo no  eres padre.
         Pero... ¿en qué estás pensando?, ¿dónde tienes la cabeza?. Esta es la sala número tres y tu mujer está en la dos y no es esa negrita que esta ahí, ¿verdad?.
            Por fin respiras aliviado y raudo entras en la sala dos y las ves. Tu mujer sonríe y la niña está arrebujada en el cuco.Las manos diminutas, los ojos grandes, sorprendidos. Y tú, tan torpe como siempre, no sabes como cogerla, ni que decirle. Al final suspiras:  bienvenida al mundo, pequeña.

Hierro y Tierra en Amazon


                           


  
No me pregunten por qué, pero mi libro, “Hierro y Tierra” ya está en la multinacional  estadounidense Amazon y por 5,92 euros y puede adquirirse a través de Internet en todo el mundo. Basta poner el link Hierro y tierra -Formato Kindle- Manuel Picó (2012) y listo, ya puede uno descargárselo si le apetece. Si ya han leído el libro, pueden  poner ahí los comentarios que les vengan en gana, -especialmente si son favorables serán muy de agradecer para la promoción del libro.

Esta es una ventana abierta al mundo y una forma de abaratar el precio del volumen a los lectores que lean a través de una tableta de E-book. Pero, sinceramente, creo que sirve de poco. Como el mío hay cientos de miles de libros, muchos de autores tan desconocidos como yo, y el hecho de estar ahí, al público no le provoca ni frío ni calor, y a la inmensa mayoría de los autores, ni nos va a catapultar a la fama ni nos va a proporcionar unos ingresitos extra. Estamos, simplemente, casi como los muertos en el cementerio. Porque... ¿cuántos serán los que descarguen el libro?, ¿cuántos los que compren el volumen de un autor novel del que nunca han oído hablar?, ¿hay quien compre a ciegas?. Quién no se dedica profesionalmente a escribir, ¿puede hacerse un pequeño hueco en la literatura o encenderá la chimenea con sus libros?. Por supuesto siempre hay sorpresas, pero con los pies en el suelo, lo más factible es hacer una buena hoguera. Ahora que el frío aprieta, al menos por estos lares, pasen y caliéntense ustedes.   







domingo, 21 de octubre de 2012

Irrescatables




La cantinela viene de lejos: no hay dinero, el PSOE arruinó el país y el Gobierno actual le toca apretarnos el cinturón. Esta es en síntesis la tesis gubernamental que repite día sí y día también. En el desayuno, en la comida, en la merienda, en la cena y a todas horas, pero es evidente que la forma de interpretar los hechos no se corresponde con la realidad. Desde luego el PSOE derrochó mucho dinero, pero el PP, en la medida de sus posibilidades, también lo hizo. Sin embargo, no es verdad que no hay dinero. Hay y ha habido millones de euros para rescatar a los bancos, los causantes de esta crisis, los que nos han estafado, los que no han sabido gestionar el dinero, los que han arruinado a miles de personas con sus acciones preferentes, los que desahucian a los ciudadanos. Hay dinero para los ladrones, no para la gente honrada, no para las víctimas del ladrillo, del fraude y la especulación. 

Para usted, para mí y para todos los ciudadanos nos han reservado una sanidad, una educación y una cultura mucho peores. A nosotros el Gobierno nos obsequia con una subida de impuestos, con el paro, con la miseria de todos los recortes imaginables. A nosotros no hay quien nos rescate. Y no nos valen las apelaciones, las protestas, las algaradas. Para nosotros todo el peso de la Ley: el embargo, la cárcel, la calle, la pobreza y los palos.

A los ciudadanos no hay quien nos rescate. Somos irrescatables, carne de cañón que soporta todas las sangrías.

Nuestros impuestos no van a servir para mejorar nuestros servicios sociales, nuestra educación, nuestra cultura. Tampoco para mejorar nuestras infraestructuras. Nuestros impuestos están sirviendo para ayudar a los bancos que nos roban, para reflotar a las grandes a las grandes corporaciones financieras que no supieron gestionar nuestro dinero ni el suyo, que derrocharon los millones con la más absoluta indiferencia y todos los beneplácitos de la Administración. Nuestros políticos nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino. No hay dinero para lo más mínimo. Los ingresos son mucho menores y ahora todo se nos recorta. A veces lo que no se recorta se elimina de un plumazo.

Ministros y portavoces gubernamentales aparecen en los medios de comunicación como herederos de una pesada hipoteca y nos dicen que tenemos que pagar la factura del anterior gobierno. Pero jamás mencionan a los bancos, a quien propició la crisis inmobiliaria, a los estafadores, a los que echan a la calle a las familias, a los muchos protagonistas que derrocharon mucho más de lo que tenían, a toda esa pléyade de “faraones” que querían tener una pirámide en su pueblo aunque fuese una ruina absoluta.
Hoy tenemos grandes palacios de congresos sin congresos, aeropuertos sin pasajeros, estaciones de AVE sin viajeros, autopistas sin automóviles, auditorios sin audiencia ni programación y pabellones deportivos para las ratas. Cada faraón quería su pirámide para pasar a la historia. Cada político quería su pompa y su ceremonia. El dinero no importaba. Todo era posible con la ayuda de los bancos. Todos jugaban a ver quien la tenía más larga. Hasta en la más triste aldea se proyectaba un paraíso. Y los contratistas, por los beneficios que les reportaban tantas construcciones, cerraban los ojos y se frotaban las manos. Y los ciudadanos nos creíamos que estábamos en el país de las mil maravillas y soñábamos. Como los políticos, porque a poco que nos empujen, soñar es fácil. Y aferrados al sucio individualismo de que lo que es de todos no es de nadie, aplaudíamos o mirábamos para otro lado.

Ahora estamos aquí, ante la segunda estafa, que no es sino la prolongación de la que emprendieron los bancos y los políticos. Ahora el Gobierno nos vuelve a mentir diciéndonos que sólo hay dinero para los bancos, que la factura de esta crisis hemos de pagarla los ciudadanos, que contra lo previsto en su programa electoral, no han tenido más remedio que recortar nuestros servicios y prestaciones y subirnos los impuestos. Pero todas las palabras forman parte de la misma estafa. La misma que protege el gran fraude fiscal y a los banqueros. La misma estafa que echa una mano a los ladrones de las finanzas y un dogal al honrado que se ahoga.

Según algunos analistas con el rescate a  Bankia (23.500 millones de euros, más del 2% del PIB de España) se hubiera podido financiar  el 86% del ajuste fiscal que realizará el gobierno español durante 2012. La cifra supone  casi el doble de los ingresos que se recaudarán con el alza de impuestos aprobada por el ejecutivo para este año. Es además la mitad de lo que se recaudará en IVA durante 2012.

 Hay muchas opciones de lo que se podría haber hecho con este dinero y ninguna es moco de pavo. Se podrían subir un 20% las pensiones a todos los receptores. Se podría cubrir el 81,5% de las prestaciones de desempleo de los 5 millones de desempleados. Se podría aumentar en 18,5 veces el programa de becas atorgado por el gobierno. Se podría aumentar en un 280% el gasto en educación y sanidad. Se podría aumentar 25 veces la inversión en materia de cultura... Sin embargo, la ayuda a los malos gestores tuvo prioridad.


 Con la ayuda a los bancos, esos mismos que reciben préstamos de la UE al 1% para concedernos créditos al 5%, se hubiera podido paliar la situación de muchos pobres, pero como puede verse el dinero y la especulación están por encima de los ciudadanos.

Se habla de violencia en las manifestaciones, pero la verdadera violencia es ganar 400 euros y ser víctima del paro por la mala gestión. La violencia más cruenta es quedarse en la calle mientras los bancos hacen caja jugando sucio. La violencia pura y dura, pese a que todas las violencias son condenables no es gritar en la calle nuestro malestar social, sino que el sistema y el Estado te obliguen a pagar los platos rotos de los demás y te digan que te calles. La violencia más reprobable es ver como el Gobierno es títere de las grandes corporaciones financieras y de una Europa que parece estar constituida por sólo dos socios: Alemania y Francia. La violencia más absoluta es no tener donde trabajar ni qué comer. Y esa no la ha generado el ciudadano. Podemos pedir ayuda a lo más alto, pero nadie nos echará un salvavidas. El ciudadano que se hunde, se hunde sin más remedio. Como el Titanic. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Presunción



El presidente Mariano Rajoy ha dado las gracias a los millones de españoles que no nos hemos manifestando y que, según él presupone, estamos de acuerdo con la política del gobierno. Sin duda este es un acto de presunción sin parangón. ¿Significa el silencio la aceptación? Quien calla,  otorga, parece decir el presidente, acogiéndose al refranero popular, pero a mi juicio, se equivoca.

El silencio es una actitud neutra en la que en absoluto está probada ni la conformidad ni el rechazo a su Gobierno. Buena parte de los españoles ya no cree en los políticos ni en las soluciones que ofrecen dentro de una economía hipotecada. No todo son multitudinarias manifestaciones en Madrid o en grandes ciudades. A través de los medios de comunicación, en centros públicos y privados uno puede ver y escuchar  miles de protestas individuales y con toda probabilidad estas también se dan en muchos  hogares y lugares y de todos ellos jamás tendremos noticia.

Los casi cinco millones de parados que hay en nuestro país no creo que anden precisamente dando saltos de alegría ni aplaudiendo al Estado, ni con este ni con el anterior Gobierno. Ni  los jubilados que han de pagar una parte de sus medicinas, ni los inmigrantes irregulares que tienen que abonar la sanidad de su bolsillo, ni los universitarios cuya matrícula ha subido de lo lindo, ni los miles de morosos y desahuciados que se ven acosados por las deudas, ni tantos y tantos ciudadanos que vemos como cada día nos recortan gastos en educación, sanidad, cultura y servicios sociales, mientras nos suben los impuestos.

El estado de bienestar se está convirtiendo en un estado de malestar para los ciudadanos. El Gobierno es probable que haga lo que mande  Olli Rehn, el comisario de Asuntos Económicos de la UE, que velará en todo momento para que España pague su deuda. Algunos españoles se manifiestan y otros no, pero es más que dudoso creer que hay una inmensa mayoría que apoya al Gobierno por el mero hecho de no manifestarse públicamente. El malestar está con nosotros, en las calles, dentro de nuestras casas y en todas partes y eso no se borra con una sonrisa en la tele y buenas palabras. La cruda realidad que nos toca vivir cada día es muy difícil de digerir y cualquiera que fuese el Gobierno que estuviese en el poder, tendría una inevitable merma en su valoración política. El  PP, según los sondeos, parece que no  es  menos.

El derecho a manifestarse es plenamente constitucional y ,con la que está cayendo, la ciudadanía no puede convertirse en un disciplinado rebaño. Las voces de protesta se han alzado y, con toda probabilidad, se seguirán alzando. Con los pies en el suelo, creo que nadie puede esperar otra cosa. La sumisión es propia de los tiempos de bonanza o cuando el miedo nos atenaza. Ninguno de estos dos supuestos se da en estos momentos y eso sin duda favorece una respuesta por parte de la sociedad,  aunque al presidente no le agrade.
A priori el señor Rajoy presupone demasiado en estos tiempos de crisis e incertidumbre. Y la presunción jamás es buena consejera, mucho menos ahora.

sábado, 18 de agosto de 2012

Bragas y libros



         El cartel es bien claro: por la compra de tres bragas, un libro de regalo. La oferta de lencería destaca entre la multitud de puestos callejeros por ser la única con pretensiones de incentivar la lectura.

Las subvenciones culturales no llegan o se suprimen, el IVA de los espectáculos casi se va a multiplicar por tres dentro de nada y el pueblo tira por la calle de en medio para promocionar la cultura a su manera. “Por la compra de tres bragas, un libro de regalo”. ¿Es la cultura de la entrepierna o la del absurdo?. Desde luego si es una de las asociaciones más estrambóticas que pueden darse. Lo próximo pueden ser pepinillos en vinagre y películas de cine o sujetadores y revistas. Es el nuevo surrealismo de esta España que están dejando en paños menores políticos y especuladores. Tanto monta, monta tanto. Es la España de chiste y pandereta que van pergeñando estos decadentes tiempos de crisis.

Las bragas, quizás en el fondo, son el sueño erótico de todo libro. Literatura e intimidad. Letras y encaje. Sentimientos y pasiones. Y colores y tallas y marcas. Lo que sirve para tapar  lo que hay más allá  de unas ingles femeninas y lo que se destapa  detrás de una cubierta. Una conexión perfecta en nuestra era del absurdo donde las tetas tiran más que las carretas y la política mucho más que la inteligencia, mientras grandes ideas se mueren sin patrocinadores. 

         Si la lectora carece de marca-páginas puede meter las bragas para saber por donde se quedó. Es el toque picante que puede darle una lectora a una novela sin erotismo. Si el compañero ve el cuadro tal vez piense que es la señal de una noche para la antología sexual. Descubrir que hay de verdad en esta suposición puede ser un ejercicio estimulante para el amor y el sexo

         Braguita a braguita las mujeres pueden hacerse con toda una biblioteca. Porque está muy claro: la cultura hay que extenderla, expandirla allende los mares, aunque sea a costa de llenar de lencería todos los cajones de la casa. Y con esta y otras ofertas similares las lectoras pueden aumentar un mil por cien.

         La cultura hay que regalarla porque son minoría los que la compran. Cualquier hija de vecina lleva unas bragas, pero no todas compran libros. El libro necesita un incentivo, un empujón, un gran premio y mucho marketing y si no, ahí se queda para vestir santos. Descatalogado, olvidado por centenares de novedades que  sepultan a los libros que ya no están de moda y no son los que corresponden al verano actual o a cualquier otra estación del año en curso.
La oferta de 3 x 1 es quizá la que muchas mujeres estaban esperando para lanzarse a leer. El pack de mercadillo que necesitaba para lanzarse a la piscina de la literatura, tal vez de la cultura cogida con pinzas. Porque los españoles, sobre todo en estos tiempos de crisis, somos devotos de la oferta, de las rebajas y los regalos. Todo nos viene de perlas si es gratis, aunque luego no lo utilicemos jamás.

Bragas de moda y libros olvidados. Actualidad y palabras dormidas. Nada es el olvido sin el presente, sin una fecha en el calendario sobre la que la moda se pase y el tiempo nos haga reírnos de ella y la desmemoria nos haga sepultar los viejos furores de temporada y hasta las hermosas palabras que un día leímos o escuchamos.

martes, 31 de julio de 2012

“HIERRO Y TIERRA” PRESENTADO EN LA LIBRERÍA RAFAEL ALBERTI DE MADRID


        
El pasado mes de julio presenté mi libro de relatos “Hierro y Tierra”en la librería Rafael Alberti, con relatos ambientados  en  la provincia de Albacete. En ella también han presentado autores de la talla de Jose Luis Sampedro, Mario Vargas Llosa, Alvaro Pombo, Bernardo Atxaga y otros muchos autores nacionales e internacionales de prestigio.

La verdad es que ser invitado por una librería emblemática de la capital de España puede seducir a cualquier escritor novel. Basta adentrarse en la  página web de la Alberti  para comprobar que en ella hay miles de títulos, especialmente de literatura y una agenda de encuentros cubierta para todo el año donde cada semana hay como mínimo una presentación, incluida la temporada estival.

La dueña de la librería Lola Larumbe, tras leer Hierro y Tierra manifestó que yo tengo “oficio”, lo que viene a significar que la obra posee calidad literaria. Posiblemente por eso  me  invitó a hacer una presentación del libro en la Alberti, lo que no deja de ser un reconocimiento literario que me ha pillado por sorpresa, y aunque sea con levedad, tal vez pueda servirme de algo en el futuro.

El escritor y publicista  David Torrejón, quien tiene varias novelas publicadas, ha colaborado en varias revistas y dirige "Anuncios", una publicación semanal para profesionales de la publicidad manifestó que le parece imprescindible que existan escritores como yo, "en la senda de Miguel Delibes, Aldecoa y de tantos otros que parecían no tener continuidad". Lo dijo y yo, probablemente, me sonrojé, porque creo que todavía me falta mucho para poderme siquiera comparar a ellos. Tal vez esté en la senda, pero muy al principio. 
David, que dejó el cierre de la edición de Anuncios para presentarme, que ya es de agradecer, clasificó los 23 relatos que componen "Hierro y Tierra" en cuatro bloques: cuentos de esperanza, cuentos de desesperanza, relatos con un punto de humor berlanguiano. Y por último, cuentos que no lo son , sino que son recuerdos propios o ajenos. Y en esta clasificación, en la que no me había parado a pensar, si que estuve de acuerdo plenamente.

Luego vinieron más flores: “la paciencia y el gusto por escuchar a quienes vivieron esos tiempos difíciles, mi  empatía o, lo que es lo mismo mi supuesta capacidad para ponerme en la piel de esos personajes de una pieza, tan ajenos muchas veces a mí”. Una empatía que, a su juicio, está teñida de un profundo amor, que se nota en cada palabra, en cada frase, en su opinión, incluso cuando hablo de personajes que nos producen más rechazo que otra cosa.  Con eso también estuve de acuerdo, porque creo que si uno no se pone en la piel de sus personajes estos nunca llegarán a emocionar, a atrapar al lector.

    Y siguió con que mi prosa  "alcanza unos niveles expresivos extraordinarios. Una intensidad a la que cualquier autor aspiraría" y ahí ya reventé de orgullo, pero desconfié de si no se habría pasado con el almíbar.

El acto reforzó mi ego y me envaneció –tal vez todas las presentaciones de lo que sea no son más que actos de vanidad.  Sin embargo, pese a todo, sé que no se puede perder el norte por un simple destello. Todo esto está muy bien para un escritor, pero hay que verlo con cierta distancia, con desapego, sin endiosarse. Porque, al día siguiente, el escritor se la juega de nuevo sobre el papel en blanco y no vale lo que escribió ayer, sino lo que ha vuelto a escribir y en empeño y la pasión que ha puesto en esa tarea. La gloria verdadera se escribe todos los días a base de trabajo y esfuerzo y las musas dependen casi al cien por cien de ellos. No hay magia en esto de escribir. Ha de haber un mínimo de vocación y capacidad, pero lo demás es sudoración y posiblemente es el porcentaje más alto.
Los fastos se olvidan en cuestión de horas y el escritor, como cualquier profesional, ha de estar de nuevo ahí para darlo todo. El que piense lo contrario va de cráneo.
Después de esta elogiosa presentación, con seguridad la mejor que hasta ahora han hecho de “Hierro y Tierra”, vinieron las citas del libro. Tras ellas llegó mi turno. Recordé muchos de los personajes que aparecen en el volumen, además de hacer una encendida defensa de la gente corriente y de las personas sencillas y honradas que, como muchos de mis personajes, son las más necesarias y  las que de verdad sacan adelante el país.

El acto concluyó con un vino de honor (blanco Macabeo fermentado en barrica de la cooperativa Nuestra Señora de la Cabeza de Casas Ibáñez) y  queso, manchego, no podía ser menos  El público, entre los que se encontraban oriundos de Casas Ibáñez y la comarca, además de otros manchegos y madrileños  aplaudió el acto y me animó a seguir promocionando este libro y escribiendo. En buena parte para darles las gracias a todos ellos escribo estas líneas. Es lo mínimo que merecen mis lectores.


PD. “Hierro y Tierra” puede encontrarse en las librerías de Albacete (Popular, Sanz, Biblos, Universitaria, Sarraz y  Herso), de Casas Ibáñez (Goval, Chacón y Casablanca), así como en Madrid (Rafael Alberti y Miraguano), en Zaragoza (hipermercados y librerías), así como en el domicilio del propio autor (C/ Huerta, 30 de Casas Ibáñez, Albacete)