domingo, 21 de octubre de 2012

Irrescatables




La cantinela viene de lejos: no hay dinero, el PSOE arruinó el país y el Gobierno actual le toca apretarnos el cinturón. Esta es en síntesis la tesis gubernamental que repite día sí y día también. En el desayuno, en la comida, en la merienda, en la cena y a todas horas, pero es evidente que la forma de interpretar los hechos no se corresponde con la realidad. Desde luego el PSOE derrochó mucho dinero, pero el PP, en la medida de sus posibilidades, también lo hizo. Sin embargo, no es verdad que no hay dinero. Hay y ha habido millones de euros para rescatar a los bancos, los causantes de esta crisis, los que nos han estafado, los que no han sabido gestionar el dinero, los que han arruinado a miles de personas con sus acciones preferentes, los que desahucian a los ciudadanos. Hay dinero para los ladrones, no para la gente honrada, no para las víctimas del ladrillo, del fraude y la especulación. 

Para usted, para mí y para todos los ciudadanos nos han reservado una sanidad, una educación y una cultura mucho peores. A nosotros el Gobierno nos obsequia con una subida de impuestos, con el paro, con la miseria de todos los recortes imaginables. A nosotros no hay quien nos rescate. Y no nos valen las apelaciones, las protestas, las algaradas. Para nosotros todo el peso de la Ley: el embargo, la cárcel, la calle, la pobreza y los palos.

A los ciudadanos no hay quien nos rescate. Somos irrescatables, carne de cañón que soporta todas las sangrías.

Nuestros impuestos no van a servir para mejorar nuestros servicios sociales, nuestra educación, nuestra cultura. Tampoco para mejorar nuestras infraestructuras. Nuestros impuestos están sirviendo para ayudar a los bancos que nos roban, para reflotar a las grandes a las grandes corporaciones financieras que no supieron gestionar nuestro dinero ni el suyo, que derrocharon los millones con la más absoluta indiferencia y todos los beneplácitos de la Administración. Nuestros políticos nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino. No hay dinero para lo más mínimo. Los ingresos son mucho menores y ahora todo se nos recorta. A veces lo que no se recorta se elimina de un plumazo.

Ministros y portavoces gubernamentales aparecen en los medios de comunicación como herederos de una pesada hipoteca y nos dicen que tenemos que pagar la factura del anterior gobierno. Pero jamás mencionan a los bancos, a quien propició la crisis inmobiliaria, a los estafadores, a los que echan a la calle a las familias, a los muchos protagonistas que derrocharon mucho más de lo que tenían, a toda esa pléyade de “faraones” que querían tener una pirámide en su pueblo aunque fuese una ruina absoluta.
Hoy tenemos grandes palacios de congresos sin congresos, aeropuertos sin pasajeros, estaciones de AVE sin viajeros, autopistas sin automóviles, auditorios sin audiencia ni programación y pabellones deportivos para las ratas. Cada faraón quería su pirámide para pasar a la historia. Cada político quería su pompa y su ceremonia. El dinero no importaba. Todo era posible con la ayuda de los bancos. Todos jugaban a ver quien la tenía más larga. Hasta en la más triste aldea se proyectaba un paraíso. Y los contratistas, por los beneficios que les reportaban tantas construcciones, cerraban los ojos y se frotaban las manos. Y los ciudadanos nos creíamos que estábamos en el país de las mil maravillas y soñábamos. Como los políticos, porque a poco que nos empujen, soñar es fácil. Y aferrados al sucio individualismo de que lo que es de todos no es de nadie, aplaudíamos o mirábamos para otro lado.

Ahora estamos aquí, ante la segunda estafa, que no es sino la prolongación de la que emprendieron los bancos y los políticos. Ahora el Gobierno nos vuelve a mentir diciéndonos que sólo hay dinero para los bancos, que la factura de esta crisis hemos de pagarla los ciudadanos, que contra lo previsto en su programa electoral, no han tenido más remedio que recortar nuestros servicios y prestaciones y subirnos los impuestos. Pero todas las palabras forman parte de la misma estafa. La misma que protege el gran fraude fiscal y a los banqueros. La misma estafa que echa una mano a los ladrones de las finanzas y un dogal al honrado que se ahoga.

Según algunos analistas con el rescate a  Bankia (23.500 millones de euros, más del 2% del PIB de España) se hubiera podido financiar  el 86% del ajuste fiscal que realizará el gobierno español durante 2012. La cifra supone  casi el doble de los ingresos que se recaudarán con el alza de impuestos aprobada por el ejecutivo para este año. Es además la mitad de lo que se recaudará en IVA durante 2012.

 Hay muchas opciones de lo que se podría haber hecho con este dinero y ninguna es moco de pavo. Se podrían subir un 20% las pensiones a todos los receptores. Se podría cubrir el 81,5% de las prestaciones de desempleo de los 5 millones de desempleados. Se podría aumentar en 18,5 veces el programa de becas atorgado por el gobierno. Se podría aumentar en un 280% el gasto en educación y sanidad. Se podría aumentar 25 veces la inversión en materia de cultura... Sin embargo, la ayuda a los malos gestores tuvo prioridad.


 Con la ayuda a los bancos, esos mismos que reciben préstamos de la UE al 1% para concedernos créditos al 5%, se hubiera podido paliar la situación de muchos pobres, pero como puede verse el dinero y la especulación están por encima de los ciudadanos.

Se habla de violencia en las manifestaciones, pero la verdadera violencia es ganar 400 euros y ser víctima del paro por la mala gestión. La violencia más cruenta es quedarse en la calle mientras los bancos hacen caja jugando sucio. La violencia pura y dura, pese a que todas las violencias son condenables no es gritar en la calle nuestro malestar social, sino que el sistema y el Estado te obliguen a pagar los platos rotos de los demás y te digan que te calles. La violencia más reprobable es ver como el Gobierno es títere de las grandes corporaciones financieras y de una Europa que parece estar constituida por sólo dos socios: Alemania y Francia. La violencia más absoluta es no tener donde trabajar ni qué comer. Y esa no la ha generado el ciudadano. Podemos pedir ayuda a lo más alto, pero nadie nos echará un salvavidas. El ciudadano que se hunde, se hunde sin más remedio. Como el Titanic. 

domingo, 14 de octubre de 2012

Presunción



El presidente Mariano Rajoy ha dado las gracias a los millones de españoles que no nos hemos manifestando y que, según él presupone, estamos de acuerdo con la política del gobierno. Sin duda este es un acto de presunción sin parangón. ¿Significa el silencio la aceptación? Quien calla,  otorga, parece decir el presidente, acogiéndose al refranero popular, pero a mi juicio, se equivoca.

El silencio es una actitud neutra en la que en absoluto está probada ni la conformidad ni el rechazo a su Gobierno. Buena parte de los españoles ya no cree en los políticos ni en las soluciones que ofrecen dentro de una economía hipotecada. No todo son multitudinarias manifestaciones en Madrid o en grandes ciudades. A través de los medios de comunicación, en centros públicos y privados uno puede ver y escuchar  miles de protestas individuales y con toda probabilidad estas también se dan en muchos  hogares y lugares y de todos ellos jamás tendremos noticia.

Los casi cinco millones de parados que hay en nuestro país no creo que anden precisamente dando saltos de alegría ni aplaudiendo al Estado, ni con este ni con el anterior Gobierno. Ni  los jubilados que han de pagar una parte de sus medicinas, ni los inmigrantes irregulares que tienen que abonar la sanidad de su bolsillo, ni los universitarios cuya matrícula ha subido de lo lindo, ni los miles de morosos y desahuciados que se ven acosados por las deudas, ni tantos y tantos ciudadanos que vemos como cada día nos recortan gastos en educación, sanidad, cultura y servicios sociales, mientras nos suben los impuestos.

El estado de bienestar se está convirtiendo en un estado de malestar para los ciudadanos. El Gobierno es probable que haga lo que mande  Olli Rehn, el comisario de Asuntos Económicos de la UE, que velará en todo momento para que España pague su deuda. Algunos españoles se manifiestan y otros no, pero es más que dudoso creer que hay una inmensa mayoría que apoya al Gobierno por el mero hecho de no manifestarse públicamente. El malestar está con nosotros, en las calles, dentro de nuestras casas y en todas partes y eso no se borra con una sonrisa en la tele y buenas palabras. La cruda realidad que nos toca vivir cada día es muy difícil de digerir y cualquiera que fuese el Gobierno que estuviese en el poder, tendría una inevitable merma en su valoración política. El  PP, según los sondeos, parece que no  es  menos.

El derecho a manifestarse es plenamente constitucional y ,con la que está cayendo, la ciudadanía no puede convertirse en un disciplinado rebaño. Las voces de protesta se han alzado y, con toda probabilidad, se seguirán alzando. Con los pies en el suelo, creo que nadie puede esperar otra cosa. La sumisión es propia de los tiempos de bonanza o cuando el miedo nos atenaza. Ninguno de estos dos supuestos se da en estos momentos y eso sin duda favorece una respuesta por parte de la sociedad,  aunque al presidente no le agrade.
A priori el señor Rajoy presupone demasiado en estos tiempos de crisis e incertidumbre. Y la presunción jamás es buena consejera, mucho menos ahora.

sábado, 18 de agosto de 2012

Bragas y libros



         El cartel es bien claro: por la compra de tres bragas, un libro de regalo. La oferta de lencería destaca entre la multitud de puestos callejeros por ser la única con pretensiones de incentivar la lectura.

Las subvenciones culturales no llegan o se suprimen, el IVA de los espectáculos casi se va a multiplicar por tres dentro de nada y el pueblo tira por la calle de en medio para promocionar la cultura a su manera. “Por la compra de tres bragas, un libro de regalo”. ¿Es la cultura de la entrepierna o la del absurdo?. Desde luego si es una de las asociaciones más estrambóticas que pueden darse. Lo próximo pueden ser pepinillos en vinagre y películas de cine o sujetadores y revistas. Es el nuevo surrealismo de esta España que están dejando en paños menores políticos y especuladores. Tanto monta, monta tanto. Es la España de chiste y pandereta que van pergeñando estos decadentes tiempos de crisis.

Las bragas, quizás en el fondo, son el sueño erótico de todo libro. Literatura e intimidad. Letras y encaje. Sentimientos y pasiones. Y colores y tallas y marcas. Lo que sirve para tapar  lo que hay más allá  de unas ingles femeninas y lo que se destapa  detrás de una cubierta. Una conexión perfecta en nuestra era del absurdo donde las tetas tiran más que las carretas y la política mucho más que la inteligencia, mientras grandes ideas se mueren sin patrocinadores. 

         Si la lectora carece de marca-páginas puede meter las bragas para saber por donde se quedó. Es el toque picante que puede darle una lectora a una novela sin erotismo. Si el compañero ve el cuadro tal vez piense que es la señal de una noche para la antología sexual. Descubrir que hay de verdad en esta suposición puede ser un ejercicio estimulante para el amor y el sexo

         Braguita a braguita las mujeres pueden hacerse con toda una biblioteca. Porque está muy claro: la cultura hay que extenderla, expandirla allende los mares, aunque sea a costa de llenar de lencería todos los cajones de la casa. Y con esta y otras ofertas similares las lectoras pueden aumentar un mil por cien.

         La cultura hay que regalarla porque son minoría los que la compran. Cualquier hija de vecina lleva unas bragas, pero no todas compran libros. El libro necesita un incentivo, un empujón, un gran premio y mucho marketing y si no, ahí se queda para vestir santos. Descatalogado, olvidado por centenares de novedades que  sepultan a los libros que ya no están de moda y no son los que corresponden al verano actual o a cualquier otra estación del año en curso.
La oferta de 3 x 1 es quizá la que muchas mujeres estaban esperando para lanzarse a leer. El pack de mercadillo que necesitaba para lanzarse a la piscina de la literatura, tal vez de la cultura cogida con pinzas. Porque los españoles, sobre todo en estos tiempos de crisis, somos devotos de la oferta, de las rebajas y los regalos. Todo nos viene de perlas si es gratis, aunque luego no lo utilicemos jamás.

Bragas de moda y libros olvidados. Actualidad y palabras dormidas. Nada es el olvido sin el presente, sin una fecha en el calendario sobre la que la moda se pase y el tiempo nos haga reírnos de ella y la desmemoria nos haga sepultar los viejos furores de temporada y hasta las hermosas palabras que un día leímos o escuchamos.

martes, 31 de julio de 2012

“HIERRO Y TIERRA” PRESENTADO EN LA LIBRERÍA RAFAEL ALBERTI DE MADRID


        
El pasado mes de julio presenté mi libro de relatos “Hierro y Tierra”en la librería Rafael Alberti, con relatos ambientados  en  la provincia de Albacete. En ella también han presentado autores de la talla de Jose Luis Sampedro, Mario Vargas Llosa, Alvaro Pombo, Bernardo Atxaga y otros muchos autores nacionales e internacionales de prestigio.

La verdad es que ser invitado por una librería emblemática de la capital de España puede seducir a cualquier escritor novel. Basta adentrarse en la  página web de la Alberti  para comprobar que en ella hay miles de títulos, especialmente de literatura y una agenda de encuentros cubierta para todo el año donde cada semana hay como mínimo una presentación, incluida la temporada estival.

La dueña de la librería Lola Larumbe, tras leer Hierro y Tierra manifestó que yo tengo “oficio”, lo que viene a significar que la obra posee calidad literaria. Posiblemente por eso  me  invitó a hacer una presentación del libro en la Alberti, lo que no deja de ser un reconocimiento literario que me ha pillado por sorpresa, y aunque sea con levedad, tal vez pueda servirme de algo en el futuro.

El escritor y publicista  David Torrejón, quien tiene varias novelas publicadas, ha colaborado en varias revistas y dirige "Anuncios", una publicación semanal para profesionales de la publicidad manifestó que le parece imprescindible que existan escritores como yo, "en la senda de Miguel Delibes, Aldecoa y de tantos otros que parecían no tener continuidad". Lo dijo y yo, probablemente, me sonrojé, porque creo que todavía me falta mucho para poderme siquiera comparar a ellos. Tal vez esté en la senda, pero muy al principio. 
David, que dejó el cierre de la edición de Anuncios para presentarme, que ya es de agradecer, clasificó los 23 relatos que componen "Hierro y Tierra" en cuatro bloques: cuentos de esperanza, cuentos de desesperanza, relatos con un punto de humor berlanguiano. Y por último, cuentos que no lo son , sino que son recuerdos propios o ajenos. Y en esta clasificación, en la que no me había parado a pensar, si que estuve de acuerdo plenamente.

Luego vinieron más flores: “la paciencia y el gusto por escuchar a quienes vivieron esos tiempos difíciles, mi  empatía o, lo que es lo mismo mi supuesta capacidad para ponerme en la piel de esos personajes de una pieza, tan ajenos muchas veces a mí”. Una empatía que, a su juicio, está teñida de un profundo amor, que se nota en cada palabra, en cada frase, en su opinión, incluso cuando hablo de personajes que nos producen más rechazo que otra cosa.  Con eso también estuve de acuerdo, porque creo que si uno no se pone en la piel de sus personajes estos nunca llegarán a emocionar, a atrapar al lector.

    Y siguió con que mi prosa  "alcanza unos niveles expresivos extraordinarios. Una intensidad a la que cualquier autor aspiraría" y ahí ya reventé de orgullo, pero desconfié de si no se habría pasado con el almíbar.

El acto reforzó mi ego y me envaneció –tal vez todas las presentaciones de lo que sea no son más que actos de vanidad.  Sin embargo, pese a todo, sé que no se puede perder el norte por un simple destello. Todo esto está muy bien para un escritor, pero hay que verlo con cierta distancia, con desapego, sin endiosarse. Porque, al día siguiente, el escritor se la juega de nuevo sobre el papel en blanco y no vale lo que escribió ayer, sino lo que ha vuelto a escribir y en empeño y la pasión que ha puesto en esa tarea. La gloria verdadera se escribe todos los días a base de trabajo y esfuerzo y las musas dependen casi al cien por cien de ellos. No hay magia en esto de escribir. Ha de haber un mínimo de vocación y capacidad, pero lo demás es sudoración y posiblemente es el porcentaje más alto.
Los fastos se olvidan en cuestión de horas y el escritor, como cualquier profesional, ha de estar de nuevo ahí para darlo todo. El que piense lo contrario va de cráneo.
Después de esta elogiosa presentación, con seguridad la mejor que hasta ahora han hecho de “Hierro y Tierra”, vinieron las citas del libro. Tras ellas llegó mi turno. Recordé muchos de los personajes que aparecen en el volumen, además de hacer una encendida defensa de la gente corriente y de las personas sencillas y honradas que, como muchos de mis personajes, son las más necesarias y  las que de verdad sacan adelante el país.

El acto concluyó con un vino de honor (blanco Macabeo fermentado en barrica de la cooperativa Nuestra Señora de la Cabeza de Casas Ibáñez) y  queso, manchego, no podía ser menos  El público, entre los que se encontraban oriundos de Casas Ibáñez y la comarca, además de otros manchegos y madrileños  aplaudió el acto y me animó a seguir promocionando este libro y escribiendo. En buena parte para darles las gracias a todos ellos escribo estas líneas. Es lo mínimo que merecen mis lectores.


PD. “Hierro y Tierra” puede encontrarse en las librerías de Albacete (Popular, Sanz, Biblos, Universitaria, Sarraz y  Herso), de Casas Ibáñez (Goval, Chacón y Casablanca), así como en Madrid (Rafael Alberti y Miraguano), en Zaragoza (hipermercados y librerías), así como en el domicilio del propio autor (C/ Huerta, 30 de Casas Ibáñez, Albacete)

Donde dije digo


                                    

 (Artículo de rectificación sobre el titulado “Historia de una foto”, publicado en este blog hace un mes)

Dicen que rectificar es de sabios. Y aunque no es mi estilo dármelas de sabio, y mucho menos en este caso, es de justicia hacer que la verdad resplandezca cuando todavía se puede.  Escribo este nuevo artículo para rectificar y exponer los datos reales a cerca de Rafael  y Francisca, fallecidos hace años, pero en su día vecinos de Casas Ibáñez y a los que mencionaba en mi anterior artículo. Como recordarán en él comentaba la instantánea de un grupo de ibañeses  sobre “La piedra de las cuatro onzas”, foto que utilicé para la portada de mi libro “Hierro y Tierra”, de venta en las librerías de Casas Ibáñez y Albacete. La información de estos datos me ha sido facilitada por los familiares de Francisca y Rafael, quienes, al igual que yo, queremos desmentir los que, erróneamente, me facilitó María Tolosa.  En síntesis son los siguientes:

1-     La imagen no corresponde a una boda, sino que se encuadra dentro de las fiestas del Cristo, que se celebra en Casas Ibáñez  a finales de septiembre. El año se desconoce con exactitud, pero todo apunta a que se trata del año 1941, cuando Rafael y Francisca solamente eran novios.

2-     La niña que sostiene en brazos la pareja es una sobrina de Rafael.

3-     Rafael y Francisca se casaron una única vez  y por la Iglesia el 7 de mayo de 1943, como así lo acredita el acta archivada en el Registro Civil de Casas Ibáñez.

4-     Fruto de ese matrimonio nacieron cinco hijos. En 1944 el  primogénito, Juan Miguel. En 1946, su hermana Consuelo y el resto en fechas posteriores.

5-     Del padre de Rafael nunca se supo y la familia no tuvo  constancia alguna de su muerte y paradero ni durante la guerra civil ni después de ella.

6-     La huerta de La Tola nunca fue propiedad de la familia.

7-     Las cartillas de racionamiento a las que hace alusión el artículo no tuvieron nada que ver con la boda.

8-     En mi libro, “Hierro y Tierra”, con relatos ambientados en Casas Ibáñez, no se hace alusión directa o indirecta a la imagen de la portada en ninguno de los 23 relatos que integran el volumen.


Desde estas páginas pido disculpas a la familia por no contrastar la información y dejarme llevar por una única fuente a la hora de redactar el artículo, del que también he sido víctima.

Desconocía entonces y desconozco también ahora los distintos domicilios de los familiares. Además carezco del tiempo y de los medios necesarios para ofrecer artículos históricos y de investigación de carácter profesional.

Al mismo tiempo le reitero a la familia que en ningún momento he tenido intención alguna en dañar su imagen empleando datos falsos que alteren la realidad. Para mí el principio periodístico de veracidad sigue siendo sagrado. Por desgracia,   a diario se vierten informaciones falsas, intencionadas o no,  en medios de comunicación nacionales e internacionales. Lo que nos demuestra que el ser humano, por su propia naturaleza e incontables razones, es dueño tanto de mentiras y ficciones, como de verdades y realidades.

jueves, 7 de junio de 2012

Facturas de conciencia




Llega hasta mí un correo  en el que se cuenta que hay autonomías en las que se está entregando, o se va a entregar, una factura "informativa" del coste que ha supuesto nuestra visita al médico, de la asistencia que recibamos en Urgencias, de la intervención quirúrgica que hemos sufrido o de cualquier gasto que ocasionemos por ponernos enfermos. Todo ello con  la "sana" intención de que tomemos conciencia de lo que cuesta atendernos, aunque seamos nosotros mismos, con nuestros impuestos y cotizaciones los que pagamos.
El texto, que no tiene desperdicio, continua con una propuesta que se hace  extensiva  y, que mi juicio debería aplicarse  con urgencia a todos los cargos públicos. 
YO PROPONGO QUE: Cada vez que el rey, el presidente del gobierno, el ministro, el presidente de comunidad autónoma, el diputado, el senador, el presidente de la diputación, el alcalde, etc. etc. etc, se suba a su coche oficial, se le entregue la factura. Cuando visite centros de mayores o colegios, engalanados especialmente para su visita, que le entreguen la factura. Cuando asista a la multitud de fiestas, recepciones, comilonas, que se organizan por cualquier cosa, que le entreguen la factura. Cuando se suba en trenes o aviones para viajar en clase especial, que le entreguen la factura. Cuando al empezar la legislatura le entreguen un ipad y un teléfono última generación, que le entreguen la factura. Cuando utilice el teléfono y la conexión a Internet y llegue fin de mes, que le entreguen la factura. Cuando le hagan una magnífica aportación todos los meses para un magnífico plan de pensiones, que le entreguen la factura. Todo ello, claro, con la única intención de que "tomen conciencia" de lo que nos cuesta a los ciudadanos mantener tantos cargos públicos".

         A esta propuesta yo añadiría otra. La de que, todas estas facturas nos las volvieran a reenviar a los ciudadanos para que comprobásemos, con los datos en la mano, que todo eso que  para nosotros se traduce en privaciones, para los políticos y altos cargos de nuestro gobierno equivale a gastar lo que haga falta y mucho más.
         Y puestos a proponer, propondría que sus dietas y gastos los pusieran de su bolsillo hasta que la Administración correspondiente, tal y como ha ocurrido en toda España con miles de proveedores y trabajadores, les devolviera ese dinero al cabo de un año o dos o los que fuera necesario. Para que tomaran conciencia de lo que es sufrir y disfrutaran de la noble virtud de la paciencia. Y propondría que se suprimiesen los decretos leyes y se sometieran a referéndum cuestiones de calado que afectan a toda la ciudadanía, para que la democracia hiciera honor a su nombre y no se convirtiera en lo que hoy es. Y propondría que hubiera una Ley de Transparencia para todos los cargos públicos y  quienes la incumpliesen  estuvieran vetados para siempre para ejercer en ellos.
Al parecer tenemos EL DOBLE de políticos que el segundo país con más políticos de Europa (Italia). Tenemos 300.000 políticos más que Alemania ¡con la mitad de población! Además, Alemania está mucho más descentralizada que España. Alemania cuenta con 6 niveles administrativos (Estado - Länder- Regiones Administrativas - Distritos - Mancomunidadades -Municipios) y España sólo con 4 (Estado - Comunidad Autónoma -Provincia - Municipio). Según cuentan hay  445.568 políticos en España (Año 2.011). Lo que no es moco de pavo, ya que suman más que todos los médicos, policías y bomberos de España juntos (165.967 médicos, 154.000 policías, 19.854 bomberos). Y todo este ejército, anárquico y burócrata, todo este gallinero revuelto, a menudo con más apego al cargo que al trabajo, ni vela por nuestra salud, ni arriesga su vida por salvarnos, sino que, como estamos viendo cada día, nos hace la puñeta. Y como ejemplo más cercano me remito al actual Gobierno que ha subido los impuestos a los ciudadanos y luego ha decretado la amnistía fiscal a las grandes fortunas y el dinero negro, que ayuda a los bancos y recorta prestaciones sociales a los más pobres y que, como es el caso de Castilla-La Mancha, a pesar de la crisis, no duda en subir los sueldos de los altos cargos de la Junta mientras lo rebaja al resto de funcionarios. ¿Para eso queremos cerca de medio millón de políticos?. Por cierto, ¿sabía usted que un diputado español cobra 2813 euros y a que a ese sueldo se le añaden gastos de representación y de libre disposición, indemnizaciones, transporte, dietas y comunicaciones, pudiendo doblar y  triplicar este sueldo?
Creo que va siendo hora que esas facturas de conciencia que han empezado a llegar, se hagan extensivas a los políticos. ¿Hemos de suponer que ellos no tienen conciencia?. ¿Quizás hemos de fiarnos hasta las trancas de sus buenas palabras y no hacer caso de sus mentiras, corrupciones y elevados sueldos, en un país cuyo salario mínimo no llega a los 700 euros, y está plagado de mileuristas?. Resulta curioso ver como la clase política aplica a los ciudadanos una toma de conciencia que para sí misma no ejerce. Mal vamos cuando el Gobierno considera que no debe hacer ningún exámen de conciencia y solo les corresponde hacerlo a los demás.  Sin esa necesaria autocrítica, difícil será que los valoremos.
 Señores del Gobierno, mejor empiecen por mandarse sus propias facturas y, de paso nos las envían a los ciudadanos. Prediquen con el ejemplo. Después podríamos hablar. Que yo sepa nadie va al médico ni se opera porque si.




 
 

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